

Te busco y renuevo cada día la esperanza que me alivia
y disculpa tu tardar.
Te busco y hago hueco acá en el pecho a cada uno de los versos
que en otro tiempo malgasté, sin ti.
Y no sabes aún que me guardas en tu piel
el secreto que ha de saciar esta espera,
que por tu boca moriré y de tus manos naceré
y así vivir bajo el vaivén de tus maneras.
Te busco, por lamparita esta boca cobardica y asustona.
De aguja de marear me valdrá el olfato.
Te busco, la casa estira y estira,
se me ha vuelto consentida por vivirse en singular, sin ti.
Y no sabes aún que me acuesto en la mitad de este cuerpo,
vaya a ser que se te antoje, pongo el caso, regresar
y, entre tanta oscuridad, al buscar la cama a tientas te equivoques
y te metas en mí, destapándome los pies,
me confundas con tu sábana bajera
y una suerte de luz encendida de mujer
me entrometa en el vaivén de sus caderas.